Rocío Dúrcal, la icónica voz de la música ranchera, ha dejado un legado marcado por la grandeza y las sombras de la industria del espectáculo. En sus últimos días, reveló los siete artistas que más detestaba, y sus palabras han sacudido al mundo del entretenimiento. En un encuentro íntimo, Dúrcal, con su voz quebrada por la enfermedad, destapó una herida que nunca sanó, mencionando nombres que habían dejado cicatrices en su trayectoria, no por su talento, sino por la envidia y la traición.
Entre estos nombres se encuentra Juan Gabriel, su alma gemela artística, con quien compartió éxitos y lágrimas. Sin embargo, la ruptura entre ambos fue silenciosa y dolorosa, marcada por un control que Dúrcal nunca perdonó. Ella confesó que Juan Gabriel no la respetaba como artista, lo que la llevó a dejar de interpretar sus canciones en vivo. A pesar de los aplausos tardíos del compositor, la falta de un gesto humano durante su enfermedad dejó una herida profunda.
Otros artistas como Miguel Bosé, Marco Antonio Solís, y Lucero también fueron mencionados, cada uno representando una traición o un desprecio que la afectó en lo más profundo. Desde el ego de Jorge Rivero hasta la indiferencia de Andrés García, Dúrcal vivió en un mundo donde la autenticidad a menudo se sacrificaba en el altar de la fama.
Las palabras de Rocío no fueron un ataque, sino una declaración de verdad que resuena con la tristeza de una mujer que dio todo por su arte, solo para ser despojada de su dignidad por aquellos que alguna vez admiró. Su legado, más allá de la música, es un recordatorio de que incluso las voces más dulces pueden estar marcadas por el dolor. En su silencio, Rocío Dúrcal encontró la valentía de hablar, y su historia se convierte en un eco poderoso en la memoria colectiva del espectáculo.