El presidente de la República Dominicana, Luis Abinader, ha tomado una decisión inesperada que ha dejado a la comunidad internacional en estado de shock: ha traicionado al Primer Ministro haitiano, Ariel Henry, en un momento crítico para el país vecino, sumido en el caos y la violencia. Según informes recientes, mientras Henry intentaba regresar a Haití tras una misión diplomática, recibió un mensaje del Departamento de Estado de EE. UU. instándolo a aceptar un nuevo gobierno de transición y renunciar. Este giro dramático ocurrió en pleno vuelo, dejando a Henry sin opciones.
La situación en Haití es desesperada. Las pandillas, lideradas por el infame Jimmy Chérizier, han tomado el control absoluto de las calles de Puerto Príncipe, mientras el gobierno de Henry se encuentra paralizado y sin rumbo. Con casi tres años en el poder, Henry no ha logrado organizar elecciones, lo que ha llevado a una crisis institucional sin precedentes. La presión internacional es intensa, y la administración Biden ha estado buscando una salida a esta pesadilla humanitaria.
En medio de esta tormenta, el gobierno dominicano, que inicialmente había considerado permitir que Henry aterrizara en su territorio, dio un giro inesperado y bloqueó su llegada. Este movimiento ha generado especulaciones sobre las verdaderas intenciones de Abinader y su gobierno. La negativa a permitir el aterrizaje de Henry en República Dominicana podría ser un intento de evitar que el caos haitiano se desborde en su propio territorio.
La desesperación de Henry se agrava con la falta de apoyo y la creciente violencia en Haití, donde los muertos se cuentan por miles. La comunidad internacional observa con preocupación cómo se desarrolla esta crisis, mientras el futuro de Haití pende de un hilo. La situación es crítica y la urgencia por una solución se hace más evidente cada día.