¡Escándalo en la frontera! La madrugada del 7 de julio, un operativo de la Guardia Nacional en San Luis, Río Colorado, Sonora, llevó a la captura de José Eduardo Chávez García, conocido como “Chávez Jr.”, un temido operador del cártel de Sinaloa. Su intento de cruzar la frontera con un arsenal impresionante y una tonelada de fentanilo ha desatado una tormenta en la lucha contra el narcotráfico. A las 3 de la mañana, el sistema biométrico alertó a los agentes sobre una coincidencia facial del 99.8% con un fugitivo buscado desde hace cuatro años. Chávez Jr., con documentos falsificados, fue detenido sin disparar un tiro.
En el maletero de su vehículo se encontraron 10 fusiles automáticos israelíes, seis pistolas calibre .40 y 12 kg de fentanilo. Su captura es un golpe devastador para el narcotráfico, y las autoridades temen las repercusiones. Chávez Jr., discípulo de Jesús Alfredo Guzmán Salazar, había evadido la justicia durante años y ahora planeaba reactivar una célula logística en el condado de Maricup. Su arresto no solo es una victoria táctica, sino un mensaje claro: el gobierno federal no se detendrá ante nada para desmantelar estas estructuras criminales.
Las revelaciones durante su interrogatorio han encendido todas las alarmas. Chávez Jr. mencionó a funcionarios públicos involucrados en la corrupción y la protección del tráfico de drogas y armas. La respuesta del crimen organizado no tardó en llegar. Ataques a convoyes y amenazas explícitas han comenzado a circular, dejando claro que la guerra apenas comienza. La frontera entre México y Estados Unidos se ha convertido en un campo de batalla, y el eco de este arresto resuena en las calles y despachos de poder. La pregunta que todos se hacen: ¿cuántos más caerán antes de que esto termine?